EDUCAR: UN RETO DE TODOS LOS DÍAS

NUESTRA FORMA DE TRABAJO

“AYUDAR A QUE CADA NIÑO SEA CADA VEZ MÁS RESPONSABLE DE SÍ MISMO, DE SUS ACCIONES, POR TANTO, A SER CADA VEZ MÁS LIBRE.”
Padre Pierre Faure

 

En el Instituto basamos nuestros principios de trabajo en las ideas heredadas del Padre Pierre Faure y los principios fundamentales de la Educación Personalizada, ya que quienes tratamos con niños debemos pensar en crear las mejores condiciones para que todo lo que hagan los ayude a progresar en su desarrollo como individuos.

 

1. Un principio esencial es que el niño este estimulado por nosotros. En el caso de la escuela, a través de las guías, los instrumentos de trabajo, la organización en general de la clase, etc. En la familia a través de las actividades familiares, de los juegos, paseos y trabajos, el orden y organización de la vida familiar, etc., ambas con un solo fin: la actuación personal cada vez más consciente.

 

2. Un segundo principio que es necesario mencionar aunque sea evidente, es que el niño necesita actuar con todo su cuerpo, no solamente con su inteligencia. Es necesario que su cuerpo poco a poco vaya siendo un dócil instrumento de su espíritu, para eso necesita usarlo. Aquí los adultos no comprenden que el niño necesita moverse, estar en actividad y que nuestra labor es ayudarle a que vaya ejerciendo un dominio cada vez más consciente de su cuerpo. La idea tradicional de disciplina va unida a la de inmovilidad y si nosotros inmovilizamos al niño no solo limitamos su crecimiento físico sino limitamos su desarrollo mental. Hay que enseñarle a moverse, no privarle del movimiento.

 

3. Un tercer principio sería que el niño necesita aprender a decidir por el mismo sus acciones, para que vaya asumiendo sus propios actos. Así logrará su educación en la libertad, la cual requiere de todo un largo aprendizaje que cada quien se da a sí mismo. La libertad no consiste en hacer lo que a uno se le antoje. Tampoco estar respondiendo a mecanismos que nos vienen del exterior o automatismos que nos vienen del interior, esto sería estar sometidos a una serie de condicionamientos y ser incapaces de actuar por nosotros mismos.

 

Educar en la libertad es ayudar a vencer las esclavitudes a las que nos vemos sometidos. Requiere de todo un aprendizaje que nunca llega a su fin. No hay educación si no es en la libertad.

4. Un cuarto principio que los padres deben de conocer es, que si bien es cierto que todo debe ayudar a la liberación de la persona hay momentos, tiempo y acciones en que esta liberación es más fuerte, más consciente en el alumno.

 

En el instituto Pierre Faure reforzamos este principio de la siguiente manera:

 

a) La previsión que el niño hace al final de día; se le ayuda a que reflexione sobre lo que hará al día siguiente y también, el que al llegar a la escuela debe de hacer lo que previó. Es esta toda una disciplina que con frecuencia se olvida. Aquí los padres pueden ayudar mucho con acciones muy sencillas pero no por eso menos importantes: ¿Qué hiciste hoy? ¿ Qué harás mañana? Y al llevarlo a la escuela ayudarle a recordar lo que él ha previsto.

 

b) Poner por escrito lo que se ha planeado. El plan de trabajo. Es al alumno a quien le corresponde elaborar ” su propio plan ” partiendo de algo concreto y útil: su programación y sus instrumentos de trabajo.

c) Otra ayuda importante en este cuarto principio es facilitar al niño a que juzgue personalmente lo que ha hecho.
Esto no es fácil, pues nuestra tendencia es juzgar nosotros o esperar que los niños juzguen según nuestro propio juicio.
Cuando el niño juzga su trabajo se le estimula a que busque como mejorarlo. Se le ayudará a que haga anotaciones en su plan de trabajo como: completo, incompleto, suficiente, insuficiente, etc., pero es el propio niño el que debe juzgar la calidad de su trabajo y así va aprendiendo a evaluarse a sí mismo. Aprenderá poco a poco a lo largo de los años a ser responsable de sus acciones.

 

d) Durante la semana se le presentan al niño elecciones deliberadas que son necesarias, por ejemplo: aprender una poesía, ejercitarse en la lectura, practicar operaciones, resolver problemas, etc., pero en todos los casos se le dará al niño oportunidad de elegir. Hay que aspirar a que en los problemas los niños inventen sus propios caminos de solución. Así se desarrolla el espíritu de iniciativa con la seguridad que dan el rigor y el control, sobre todo el autocontrol que le da al niño el gozo de llegar por si mismo a la meta o por lo menos la satisfacción de ir avanzando pos sí mismo.

 

5. Un quinto principio esta relacionado con la vida social del niño.
Ellos deben estarse relacionando continuamente con los demás. La vida social es una “creación ” continua de relaciones, cada vez distintas, nuevas, diferentes. Gracias a la diversidad y a la originalidad de las aportaciones personales se enriquecen todos, es necesario que el profesor en la clase, y que los padres en la casa, en vez de sofocar, estimulen estas iniciativas y aportaciones personales para enriquecer al grupo. La actividad del grupo es buena si desarrolla la iniciativa y no lo es si sofoca o suprime la actividad de algunos o de uno solo.

 

6. Un sexto principio en el que P. Faure hace mucho hincapié, es referente a que todo trabajo escolar, para ser considerado como tal, ha de ser creativo. La creatividad es ahora factor esencial de toda educación pues no se puede promover la investigación y el progreso si no está desarrollada en los hombres.
La calidad del trabajo escolar, familiar y social requieren algo más que buenas intensiones o deseos. Exigen un rigor en su planteamiento y en su realización..

 

Hay que situar a la creatividad y al rigor en sus reciprocas relaciones, en todo este proceso es necesario tener en cuenta que este desarrollo riguroso y creativo tiene en cada niño un carácter propio y original que no puede ni debe de ser una copia de nadie. El niño a través de sus actividades construye su propia personalidad y la manifiesta pues todo lo que aprende lo refiere a sí mismo y se sirve de ello muy a su manera.

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