EDUCAR: UN RETO DE TODOS LOS DÍAS

NUESTRA PEDAGOGÍA

UNA PEDAGOGÍA PERSONALISTA Y COMUNITARIA.

 

En el Instituto Pierre Faure entendemos nuestra labor educativa como una manera de concebir a la persona y conforme a esa idea proyectar su educación facilitando que el individuo alcance el máximo de iniciativa, de responsabilidad, de compromiso y vida espiritual.

 

En una palabra, si la persona es profundamente individual y profundamente social y se descuida la formación de cualquiera de esos dos aspectos o se da un mayor énfasis a uno que al otro, se mutila al ser humano.

Al mismo tiempo que la persona posee esa doble dimensión, Faure unifica su ser en Dios, que le ha creado a imagen y semejanza. Le da un sentido a la vida del hombre, una dirección hacia donde dirigir su vida: Cristo.

De acuerdo a estas ideas, en el Instituto basamos nuestra pedagogía en seis principio básicos para el desarrollo integral del ser humano:

 

1. LA PERSONA:
UNA VOCACIÓN A LA SUPERACIÓN.

 

El hombre está hecho para superarse, tiene dentro de sí todos los talentos (posibilidades, capacidades) para hacerlo. Este crecimiento y creatividad van dirigidos hacia la planificación del “SER”. Por eso dice Faure, nos interesamos más en el método empleado para adquirir nociones que en la posesión, memorización y reproducción de esas nociones pues, para él, si bien los saberes no son despreciables, serán válidos únicamente en la medida en que provocan, POR LA MANERA EN QUE HAN SIDO ADQUIRIDOS, un progreso del SER. Lo que interesa, además de las adquisiciones de las nociones, es el progreso, el cambio que se ha experimentado al adquirirlas.

 

El fin de la educación no será adiestrar al niño para una función sino él madurarle y armarle lo mejor posible para que sea capaz de formular y realizar su proyecto personal de vida. Esto requiere organizar todas las actividades escolares sobre la base del trabajo y de la libertad personal de cada alumno.

 

2. LA PERSONA:
CAPACIDAD DE RESPUESTA RESPONSABLE Y LIBRE.

 

“Responder a las llamadas interiores de progreso es construir nuestra personalidad”.

 

La vida es una tarea propia y la libertad consiste en descubrir nuestra vocación y adoptar libremente los medios para realizarla. Es propio del individuo y no de la sociedad construir su destino. Es pues la libertad otra dimensión esencial del hombre. Libertad que no se da, “se conquista” y no sin un gran esfuerzo.

Por esto debe haber en la clase una pluralidad de instrumentos de trabajo para que los alumnos puedan elegir aquellos que les conducirán mejor a la consecución de los objetivos, insistimos mucho en nuestro proyecto pedagógico en los métodos, en la creación y organización de los medios que ponemos a disposición de los alumnos y nos esforzamos en darles la posibilidad de elección, de escoger, de seleccionar, a través de una acción responsable.

 

Hay que ayudar al niño a tomar conciencia sobre lo que debe hacer con su libertad, para que pueda dar una respuesta comprometida para gobernarse a sí mismo, e integrarse a la vida social.

 

3. LA PERSONA:
CAPACIDAD PARA INTERROGAR AL SER, AL MUNDO,
Y ASÍ MISMO.

 

El hombre siempre se ha preguntado y se preguntará: ¿Qué soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy ? ¿Qué puedo dar a la sociedad? ¿Qué espero de ella?. Reflexiona sobre sí mismo y su mundo y se descubre incompleto y reanuda su búsqueda. Cuestiona su mundo y busca alternativas para hacerlo un poco mejor.

 

En este continuo interrogarse, el hombre va dando sus respuestas y resulta que su última palabra se convierte en una nueva interrogante. La madurez de la persona -dice Faure- se une a cierta abnegación y desprendimiento junto a una actitud de interiorización, necesarias para ser dueños de nosotros mismos.

4. LA PERSONA:
CAPACIDAD PARA CREAR ALGO ORIGINAL,
CON INICIATIVA PROPIA.

 

El hombre esta hecho para superarse y se manifiesta a través de su actividad creadora. De hecho el hombre se realiza “en” y por “su” creación. La creatividad hace más hombre al hombre pues pone en movimiento todo su potencial afectivo y mental.

 

El derecho a expresar nuestros pensamientos tiene algún significado tan solo si somos capaces de tener pensamientos propios. Resulta imposible la autonomía y su progreso sin la creatividad del individuo y el grupo, sin embargo no hay creatividad sin disciplina.

 

El segundo elemento psicopedagógico que no hay que descuidar, ya que estimula la creatividad obligándola a convertirse en un proceso riguroso, es la expresión. Hay que facilitar la expresión del alumno en cada una de las etapas del desarrollo, prácticamente en cada una de las actividades educativas.

 

Educar hoy es para Faure, liberar al hombre para que recupere su capacidad de iniciativa, su propia educación, su propio progreso.

 

5. LA PERSONA:
SER ABIERTO A OTROS.
COMUNICACIÓN Y PARTICIPACIÓN.

 

Hay en nosotros una dimensión, una necesidad profunda que nos lleva no solo a ser, sino a dar lo que somos. Nuestra actividad tiene una dimensión social, para ser “En” y “Con” los demás, necesitamos de una comunicación. Es ésta el canal que nos lleva al encuentro con los demás.

 

Comunicación y participación se implican. La auténtica comunicación lleva a la participación y el que participa comunica algo. El entorno educativo debe crear formas de acción que pongan al niño en actitud y situación de participar.

 

6. LA PERSONA:
SER EN ACCIÓN.

 

El hombre no puede tolerar la pasividad. Se siente impulsado a dejar su huella, a trasformar y cambiar. Este carácter dinámico de la naturaleza humana hace del progreso una necesidad.
El mejor medio será aquel que logren los mismos alumnos, para lo cual hay que crear un clima favorable, sin el cual las potencias que existen en el individuo no se pondrán en movimiento. La actividad del hombre está siempre dirigida por su espíritu, y si queremos ponerle en actividad hay que darle una idea directriz que le ayude a ver hacia donde va y por qué, que sepa lo que va a hacer, de que punto arranca y a dónde llegará.

 

Para que el niño entre en actividad, hay que proporcionarle actividades. ¿Qué tiene que hacer el maestro? No preparar una clase, sino planear y organizar las actividades que el niño realizará en ella, pues en el salón, lo que hace el maestro es poca cosa; lo que hace hacer, es todo.

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